mayo 19, 2024

Armada con su tabla de surf, Laura Coviella (24 años, Tenerife) se lanza al mar. Lleva varios días nerviosa y esta mañana siente que el corazón se le va a salir del pecho. Se concentra en el rugido de las olas y el movimiento de la marea. Con la mente aún en las nubes, un compañero le avisa de que ha llegado la hora. Es el momento de enfrentarse a uno de los mayores monstruos de la naturaleza. Sin poder pensarlo dos veces, se lanza. Son solo unos segundos, pero para ella es una eternidad. La vergüenza le impide lanzar un grito, pero por dentro es pura euforia. Lo ha conseguido. Por primera vez, una española ha logrado domar a las gigantes olas de Nazaré, el templo del surf donde se producen las más grandes del mundo.

En 2020, el alemán Sebastian Steudtne logró el récord al surfear una ola de 26,21 metros de altura en la Praia do Norte, en el municipio portugués de Nazaré. Para entonces, Coviella ya soñaba con desafiar algún día a estas gigantes del mar. “Han sido muchos años viendo vídeos de Nazaré y era un reto para mí. Es un paso muy importante, pero todavía no he encontrado mis límites. Y los voy a encontrar, eso seguro”, explica Coviella, que atiende a EL PAÍS por videollamada desde su casa en Lanzarote. Su hazaña la logró hace apenas dos semanas, el 10 de noviembre, pero ya tiene ganas de regresar. “Me quedé con un poco de ganas de más. Ha sido una experiencia inolvidable, pero estaba muy nerviosa. Ahora estoy mucho más tranquila, ya conozco el sitio, sé que estoy preparada y puedo ir a más”, reflexiona. Coviella describe el reto de enfrentarse a las olas gigantes de Nazaré como un doble desafío, ante la naturaleza y ante ella misma. “Casi me caigo como seis veces entre los nervios y los baches que tenía la ola por culpa del viento. Es una masa de agua enorme que tiene mucha potencia y mucha fuerza. Iba en la ola diciendo, ‘por favor, no te caigas, no te caigas’. Luego cogí dos olas más, pero ninguna tan buena como la primera”.

Coviella ha superado un nuevo techo para las mujeres españolas en un deporte tradicionalmente masculino. “La realidad es que hay muchos más hombres que mujeres en este deporte”, apunta. Aunque matiza: “Pero la evolución del surfing femenino es imparable. Estoy muy contenta con cómo en los últimos años ha avanzado tanto y ver cada día a más niñas surfeando”. La primera surfista española fue la cántabra Laura Revuelta en los años sesenta. En 2022, las mujeres representaron casi la mitad de las fichas federativas de este deporte en España (35.295 de 75.064), según datos del CSD.

Laura Coviella, surfeando en las olas gigantes de Nazaré.ricardo bravo

Al contrario que muchos de los grandes surfistas, Coviella se inició en este deporte a una edad “tardía”, con 12 años, cuando sus padres le apuntaron a unas clases mientras estaban de vacaciones en El Médano (Tenerife). “Mi madre es abogada y mi padre es dentista. Mi hermano ha hecho una carrera y está trabajando en Madrid. O sea, yo era un poco la oveja negra de la familia. Me ha costado mis discusiones”, recuerda Coviella, que tras mucho esfuerzo ha conseguido cambiar las broncas por felicitaciones. Lo que no ha podido hacer es que sus padres pierdan el miedo. “El día de Nazaré, mi madre se tuvo que tomar un relajante. Todos están súper orgullosos, pero al mismo tiempo insisten en que tenga cuidado, que al final es un deporte de riesgo y puede pasar algo grave”, señala Coviella.

Laura Coviella, en el puerto de Nazaré, junto a una de las motos acuáticas de seguridad que acompañan a los deportistas a las olas grandes.ricardo bravo

Para la deportista, el miedo es el mayor enemigo de un surfista y el único método para combatirlo es una buena preparación. “El surf es un deporte donde la preparación es más fundamental que en cualquier otro, porque es lo que te da la seguridad. Si no estás lista al 100%, pueden surgir las dudas, entras en pánico, y eso en el surf de grandes olas te puede llegar a matar”, reflexiona. Coviella se vio obligada a superar ese miedo hace dos años, después de que una lesión en el maléolo, seguida de un mal diagnóstico, le dejó durante casi medio año fuera del agua. “Psicológicamente me costó bastante volver, me daban miedo muchas cosas. Estuve muchos meses rehabilitándome hasta que me vi totalmente preparada para coger olas grandes. No antes de tiempo”, remarca.

Superado ese miedo y logrado el objetivo de surfear en la mítica costa de Nazaré, Coviella no prioriza los campeonatos, sino que pone la vista ahora en practicar su pasión, el free surfing, en otros grandes templos del surf mundial como Maui, California o Tahití. Precisamente en Tahití es donde se desarrollará la prueba de surf en los próximos Juegos Olímpicos de París 2024, en una localización que Coviella conoce bien. “He estado dos veces en Teahupo’o (el nombre por el que se conoce el arrecife que en polinesio significa “muro de calaveras”) y es una ola que supone un reto. Es un tubo muy gordo, sin fondo. La verdad que es muy peligrosa. Me gustaría ganarme un nombre y hacer algo importante en esa ola”, apunta la tinerfeña que, sin embargo, no acudirá a los Juegos.

Puedes seguir a EL PAÍS Deportes en Facebook y X, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites

_

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *